Cuando ya se cumplen 20 meses de recesión en todo el mundo, para El Salvador las cifras son, en palabras del Secretario Técnico de Presidencia, Alexander Segovia, sencillamente “inaceptables”. Según los últimos datos, la pobreza ha crecido casi 10 puntos entre 2006 y 2008 y se espera que suba aún 5 puntos más hasta 2010. Eso significa un retroceso de casi 10 años en los niveles de desarrollo alcanzados o, lo que es lo mismo, casi un 40% de pobres.
En su último Informe Trimestral de Coyuntura, la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades) pone negro sobre blanco cómo el mayor peso del desempleo y de la caída de remesas está recayendo sobre la población de menos ingresos.
Hasta la fecha, el número de empleos perdidos en el sector formal ronda los 30,000, todos ellos en el tramo de menor salario, según los datos del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). Por si fuera poco, las previsiones más recientes de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) vaticinan que el país terminará el año con 90,000 nuevos desempleados.
El gobierno ya ha anunciado que el principal énfasis de su Plan Anticrisis será combatir esta pérdida de empleos y, como primera medida, anunció el programa de construcción de viviendas sociales Casa para Todos, que se espera genere más de 40,000 empleos directos y 60,000 indirectos.
Sin embargo, el Secretario Técnico de Presidencia es consciente de que esta variable depende en gran medida del sector privado y de la evolución de la crisis, razón por la cual apuesta por la construcción de una economía “que crezca, pero generando empleos de calidad”. El camino hacia esos empleos pasa, según explicó Segovia, por mejorar la competitivad y productividad y “abandonar el supuesto de que se puede competir con salarios bajos”.
El 55.4% de los hogares que reciben remesas en El Salvador pertenece al sector de población con ingresos de hasta 404 dólares y el 14% pertenecen al 20% más pobre del país (el denominado quintil 1 de ingresos).
Para los hogares de éste quintil las remesas representan casi 4 veces los ingresos de la familia, es decir, cuando dejan de percibirlas sus ingresos se reducen en casi un 400% , por lo que son altamente dependientes de estos envíos. Tanto, que su desaparición significa para muchos hogares caer en la pobreza extrema.
Como explica el informe de Fusades, las remesas han servido de “seguro informal” para las familias receptoras, pero el alcance internacional de la crisis las hace ahora más vulnerables ante una posible pérdida de empleo, un mala cosecha o una enfermedad.








